El sacramento de la confesión

 


- Acúsome padre, que mi marido me engaña.

- Pobre Romelia contigo no hay nada que hacer. Ese no es tu pecado y tú no puedes confesar lo que no es tuyo. Deja en paz los pecados de tu marido y no juzgues a tu prójimo.

- Pero si es no es mi prójimo, ¡es mi marido!

- No seas simple Romelia, claro que sí lo es. Y si lo piensas bien no te engaña, porque tú lo sabes, lo que debes hacer es perdonarlo y ofrecerle al Santo Niño tu pena para el perdón de tus pecados.

- Pos, ¿cuáles pecados padre?, si yo no tengo pecados, el de los pecados es Pancho.

- No digas tonterías, estás pecando de soberbia, todos somos pecadores desde que nacemos con el pecado original.

- Pos eso sí que no lo entiendo, ¿cuál pecado original?

- Te lo he dicho, el de nuestros primeros padres.

- Total, que los de Pancho no son “del” y los de los padres son míos. Pos mire usted que malas cuentas hace, ¿y las palizas que le dije que me arrima el Pancho?

- Eso no cuenta, ante Dios él es tu marido y le debes respeto, ya lo perdonará Dios cuando venga a confesarse.

- ¡Ora sí que la fregamos! así que nomás que se confiese y lo perdona. Si ese no tiene perdón de Dios.

- No seas necia mujer, en su infinito amor Dios todo lo perdona. Mira ya vete y reza tres rosarios por decir malas palabras en la iglesia.

- Total, ¿no va a decirle nada a Pancho?

- Deja que él se confiese y entonces él arreglará sus cuentas con el Señor.


Romelia, salió confundida y más triste de lo que entró a la iglesia. Ya no podría soportar otra paliza y Pancho no iba a cambiar. Era un mujeriego abusivo y Dios lo iba a perdonar de todos modos.


- Y dime hija ¿hace cuánto que no te confiesas?

- Qué ya no se acuerda padre? de la otra vez, hace casi un año.

- Bueno, bueno, déjalo y di tus pecados.

- Acúsome padre que ya me divorcié de Pancho

- El divorcio está prohibido, cuando te casaste fue para toda la vida, en las buenas y en las malas. Ve y pide perdón a tu marido.

- Pero si ya me confesé.

- Tú no entiendes nada del sacramento de la confesión, estás en pecado porque la situación persiste, sigues pecando cada día que estés divorciada. No te puedo dar la absolución hasta que la situación de pecado esté resuelta. ¿Entiendes?

- Pos, no. Si Pancho vive con una vieja, pos mejor que yo me divorcie ¿no cree? Me dijeron que una sí se podía divorciar, que era mejor que cada uno se fuera por su lado y en paz.

- Pues de poder, se puede, pero es pecado. Tú vives en constante pecado y tu condenación será por toda la eternidad.

- Y Pancho? Él tiene la culpa.

- Deja en paz a tu marido, no es a ti a quien le toca juzgarlo.

- Pero si ya no es mi marido!

- Siempre será tu marido, hasta que la muerte los separe. ¿Qué ya no te acuerdas?

- Pero si Pancho tiene treinta años! ¿cuándo quiere usted que se muera?

- No dices más que tonterías. Cuando hayas arreglado tu asunto vienes para que te confieses. Porque esta vez no vale, pues el pecado persiste.


Romelia cayó en franca depresión. Ella que no tenía ninguna culpa, estaría condenada por toda la eternidad.


- Dime hija ¿hace cuánto que no te confiesas?

- Y otra vez con esas, soy yo padre, Romelia. Acúsome padre que ya resolví la situación con Pancho, soy viuda. 

- Pero eso es necedad hija, enviudar no es pecado.

- Pos ya sé, usted ya me dijo que hasta que la muerte nos separe y Pancho ya está bien muerto; yo misma lo maté. 

- Ya puede usted perdonarme, la situación está resuelta, no peco porque ya no estoy divorciada y… lo del muertito…pos ¡A la chingada! ¡Yo ya me confesé! 


Griselda Gómez Pérez

Querétaro, Qro. 2017

En voz de Griselda Gómez:

https://open.spotify.com/episode/3627WNgWTGI8qcJGbegoIr?si=MFB4rKEbTo-yqi6frCbfOA


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