Mi historia sin ti


PRESENTACIÓN

Tal vez enamorarse es un proceso químico, más o menos pasajero, que entra por los ojos y anida en el corazón. Pero creo que amar es un proceso consciente, cerebral; que nos va cautivando por las acciones, las palabras, el encanto, la poesía.

Así mirado es frecuente que durante la adolescencia nos enamoremos perdidamente de los actores mas guapos y populares del cine, de la música en boga y hasta de las telenovelas.

Y en esta línea no es difícil que nos cautive el pensamiento plasmado en las palabras de un escritor; del narrador más leído, del novelista más exitoso o del poeta que alcanza a conmover nuestro espíritu. Los admiramos, los amamos.

Buscamos sus publicaciones, asistimos a sus presentaciones en librerías, compramos los más recientes y hacemos largas filas para obtener que el escritor ponga una breve dedicatoria y su nombre en la portada del libro recién adquirido.

Sin embargo, los buenos libros permanecen en nuestras bibliotecas mucho más tiempo que sus autores y tenemos el privilegio de conocer el pensamiento de Platón, de Cervantes, de Cortázar o de Byron. Los amo. Y resulta que cuando uno ama a el alma de un poeta dan ganas de decirlo, de decírselo; y este es el caso. Le escribí una carta a Lord George Gordon, toda una declaratoria en un vano afán de tocar su alma, en El Primer Beso de amor


Mi historia sin ti, Declaratoria

                                                        Sus pasos, rumor inconfundible, arrítmico, juguetón y errático. 
A la memoria de lord Byron


A través del tiempo y la poesía, muchas veces escuché tu nombre, y algunas veces aquí o allá, un fragmento de la gloria de tu poesía modelada, hipnótica, ocupó un instante de mi vida. Tal vez un día sin querer hacerlo, de soslayo vi, quizá, tu rostro; los dolientes pasos. Pero lo cierto es que fue apenas ayer que te conocí.
    Desde la distancia miré tus ojos, color de un cielo ya perdido, y fue entonces que tu canto inundó mi alma. A solas mis ojos recorrieron tu poesía y -seductor imaginado- acariciaste sin saber los sueños de mi vida. 
    No importó supiera de tu arrogancia, del alto porte de libertino encanto. Cuidado -me dije- tiene de terciopelo el habla, pero el corazón acalló la mente. Amar hasta la locura, entregar la razón al viento y dejar que el tiempo me llevara de vuelta, otra vez, a unos brazos.
    Insensata, ¿has perdido nuevamente la cordura? Amar un sueño. ¿Es que acaso el amor no es solo engaño? ¿Apenas alborada?
    Si es así, muy poco importa que el amado doncel calle distante y sea la pasión de su pluma la que me embelese y vibre en un tiempo sin límites, de renacer eterno. Yo flor atrapada entre las páginas de un libro para recordar la promesa del ausente y evocar el perfume de sus versos. Guardar el secreto del amante, escándalo prohibido. Vesánica pasión como es cualquier pasión que olvide el tiempo y la distancia y albergue entre los sueños permanencia. El amor es veleidoso cual promesa.
    Amar cual Hero adoró a Leandro ¿no hace acaso el amor conquistable el mar? y sin velero, una y otra vez cruzar el espacio que me aprisiona en Sestos. Encenderé una luz junto a mi lecho para llevar al seductor a mi delirio y dure pues el amor solo un verano o alcance también para el invierno, no apagará el viento el fuego de mi lámpara, que brillará siempre en la torre que me aparta del primer beso de amor.
    Anhelo inútil, trampa de una fantasía atrapada en el reflejo de tus versos, poesía en la mirada y en la sonrisa lejana llena de la emoción del primer verso de amor. Fuego de la imaginación que me devora en idílicas pasiones, qué maravillosa fuente de inspiración es para mis noches saborear de tu boca el primer beso de amor. Si hoy estás lejano, aun así buscaré pasión en mi pecho que se estremece al soñar con el primer verso de amor.
    Apartaré el dolor, visión maldita de los hombres ¿que valen sus visiones ante el primer verso de amor. Yaceré contigo en el Edén, que aún queda en la tierra algo de aquel paraíso escondido y ni la edad ni el tiempo helará nunca nuestra sangre, y nuestros placeres conservarán siempre sus alas de paloma y el mejor y más caro recuerdo, el que permanecerá y preferiremos evocar, será el primer beso de amor.


Griselda Gómez P



 

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