Mi Lord


Boatswain, un Terranova, fue más que solo el perro de Lord Bayron, fue su fiel amigo y uno de los seres sensibles más queridos del poeta. Boatswain murió de rabia en 1808 y el 6.º barón de Byron le dedicó un monumento con epitafio en el jardín de la mansión donde vivieron, en Newstead Abbey, donde se lee el siguiente elogio:

"Aquí yacen los restos de alguien que poseyó belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, coraje sin ferocidad y todas las virtudes del hombre sin sus vicios. Este elogio, que sería adulación inmerecida si estuviera inscrito sobre cenizas humanas, no es más que un justo tributo a la memoria de BOATSWAIN, un PERRO que nació en Terranova en mayo de 1803 y murió en Newstead el 18 de noviembre de 1808.

Cuando algún orgulloso hijo de la raza humana retorna a la tierra, desconocido para la Gloria pero ayudado por su Nacimiento, el arte del escultor agota las pompas del dolor y urnas llenas de hechos registran el nombre de quien yace debajo. Encima de la tumba se ve no quien fue sino quién debió ser.

Pero cuando el pobre perro, en vida el amigo más fiel, el primero en dar la bienvenida, el primero en defender, cuyo honesto corazón es propiedad de su dueño, que trabaja, pelea, vive, respira sólo por él, cae sin honores, desconocidos sus méritos, el alma que poseyó en la Tierra le es negada en el Paraíso. Mientras el hombre, vil insecto, espera ser perdonado y reclama para sí un Paraíso exclusivo

Hombre, miserable inquilino de nuestro mundo, degradado por la esclavitud o corrompido por el poder, quien te conoce bien debe evitarte con desagrado, masa envilecida de polvo animado. Tu amor es lujuria, tu amistad trampa, tu lengua hipocresía, tu corazón engaño, vil por naturaleza, ennoblecido sólo por el nombre, cualquier bestia gentil puede hacerte sonrojar por la vergüenza.

Tú, a quien el azar ha traído ante esta simple urna, sigue de largo, ella no se levanta en honor de nadie a quien quieras llorar. Estas piedras se levantan para señalar los restos de un amigo; sólo uno conocí y aquí yace."

 

"Mi Lord"

Sus pasos, un rumor inconfundible le precede siempre. Juguetones, erráticos. El sol arriba y desayuno junto a la cama; pan, tocineta y una siestecilla mientras el amo va y viene por el cuarto con sus pasos arrítmicos y su talante amable. Sabe mi nombre, respondo con un entusiasta oscilar de rabo. 
    Bajamos de prisa las escaleras, bueno yo bajo de prisa, doy tres o cuatro vueltas en tanto él baja despacio. No sé porqué tarda tanto, creo que le duele. Cojera dicen.
    En las cuadras el amo cepilla mi pelo y espanta una o dos pulgas intrusas que pescamos no sé dónde. Estamos listos. El caballo brilla como el sol y volamos como el viento en la pradera 
    Paseo, ladridos; ríos, pesca. La luz del sol riela en oro y recorremos el camino del lago una y otra vez sin conocer derrota y al fin, agotados me sacudo el agua encima de su risa. Que buen amo.
    Pesqué uno grande. Lo compartimos asado pero tengo hambre. En la tarde en casa seguro comeré puchero y algún bocadillo de la mesa del amo. Dormiremos la siesta en la biblioteca, él bajo un libro y yo sobre la alfombra y nos cobijará un sol que perezoso se irá a dormir temprano.
    Despiertan las velas y el sonido de la noche. Voces y risas. Mujeres ruidosas, huelen como prado en primavera, parecen abejas buscando miel. Odiosas. Me refugio junto a la chimenea y espero el sol. Mañana saldremos a cazar. Tendremos suerte.
    Me siento mal. Se ha detenido el tiempo y escucho sus pasos que tropiezan irregulares junto a mi lecho. ¿Por qué llora? Iremos a cazar y correremos a contra viento el prado. Hace tanto frío. Él me acaricia la cabeza y me cubre con mi vieja frazada. Es suave, como su voz y sus manos. Su voz me llama, ya voy amo. 
    Cierro los ojos. 

Boatswain

"Mi Lord" Escrito a nombre de Boatswain por
Griselda Gómez P. San Luis Potosí SLP, noviembre 2015




Comentarios

  1. Me encantó. Como siempre es un placer leer tus escritos. Muchas felicidades. Un fuerte abrazo.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

El general en su laberinto, Reseña

Yadira Cruz Meléndez, El beso

Marwán, semblanza