Reseña: Los nombres del aire
Alberto Ruy Sánchez, (1951)
Escritor mexicano activo, con más de 33 obras publicadas a la fecha, en su poesía plasma una forma de narrar más allá de los cinco sentidos en lo que se le ha llamado una prosa poética de intensidades, en la que los sueños y ensueños parecen estar plasmados más allá de las letras; color y sonido. Su poesía permite a los lectores internarse en sus propios sentidos.
Octavio Paz lo considera el más interesante de los escritores mexicanos y nos habla de la creatividad del autor. libre de géneros literarios. Conocedor de la literatura sus escritos están libres de géneros literarios y reglas.
Dice Ruy Sánchez: "Nunca sé en qué género enmarcar mis obras. Esta obra fue rechazada inicialmente en una editorial porque no se dedicaba a publicar textos poéticos, y en otra porque sólo se dedicaba a poesía y no entraba dentro de sus esquemas el tipo de novela que había escrito".
Los nombres del aire, su primera novela en la que incursiona por el deseo y la sensibilidad de las mujeres. Obra erótica y seductora recibió el premio Xavier Villaurrutia y es, hoy en día, un libro que forma parte de "El Quinteto de Mogador" y que ha sido consagrado por la crítica y sus lectores.
EL QUINTETO DE MOGADOR:
•I• Los nombres del aire, 1987
•II• En los labios del agua,1996
•III• Los jardines secretos de Mogador,2001
•IV• La mano del fuego, 2007
•V• Nueve veces el asombro, 2005
Estas novelas independientes están relacionadas por una trama literaria que permite explorar la propia sensualidad. Ambientadas en la cultura de Oriente con ellas ha recibido múltiples premios nacionales e internacionales
Los nombres del aire parece estar estructurada como una melodía, un canto a la sensibilidad de las mujeres y sus misterios invisibles a los hombres. En esta novela Alberto Ruy Sánchez descorre el velo y nos permite entrever los espacios míticos del placer y la seducción que envuelven al deseo.
Nos dice el autor que su obra está "vinculada al propio descubrimiento de la limitación de los hombres para comprender el mundo femenino, y cómo necesitamos esforzarnos para entenderlo porque estamos educados para lo contrario. Llevar las voces de una mujer ha sido mi reto. Cada personaje femenino que he construido es la mezcla de diferentes mujeres que he conocido a lo largo de mi vida".
Los nombres del aire, (Fragmento*)
"Al quitarse la ropa y sentir sobre su cuerpo la luz del sol, intensificada y coloreada por los vitrales del techo, Fatma se había sentido tocada con delicadeza por alguien que tocaba de la misma manera a todas las que entraban con ella. Esa luz la unía a las otras revistiéndola con el mismo manto, y ahuyentaba del lugar a los estorbosos ángeles del pudor, quienes, al contrario de esa luz, son capaces de hacer sentir desprovistas de velos a la mujer de ropa más amurallada. Vestida del calor de los cristales, Fatma entraba discretamente en la conversación de las otras sólo con miradas bajo los mismos reflejos; y siguiéndolas a distancia entró en la segunda habitación.
Ahí los cristales ya no velaban las miradas y la piel era devuelta a su propio color. Los muros estaban cubiertos de mosaicos pintados con grecas y trazos voluptuosos que en todo se acomodaban a los pliegues más recónditos de los cuerpos, convirtiéndose en su eco infinito. Ya no ocultándolos sino descomponiendo su existencia y multiplicando sus secretos: confundiendo a los cuerpos con sus imágenes, otorgándoles una extensión más sutil que su propia sombra. Fatma dejó que su mirada se hundiera en los huecos dibujados en la pared, que ya eran sus propios huecos, humedeció la ondulación de sus cabellos en el agua de una fuente, y fue tomando sobre toda la piel empapada los reflejos que antes sólo brillaran en los mosaicos.
En esa habitación el agua era menos caliente. En los tres siguientes la temperatura aumentaba poco a poco, hasta llegar a la habitación central, donde una gran fuente en medio del cuarto hacía brotar agua hirviente. Fatma pasaba suavemente por cada una de esas temperaturas sabiendo que son la escalera que lleva a la puerta, que finalmente se abre sobre una región de semisueños similares a los que diariamente, durante largas horas, veía desde su ventana.
Al entrar a la sala central, no podía dejar de sentirse impresionada por esa inmensa fuente que parecía bajar del techo con su catarata hirviente extendiendo oleadas de vapor en todo el cuarto. Alrededor de la fuente había un círculo de leones de piedra, y era necesario subirse en ellos para llenar los baldes de agua. Por las fauces echaban un líquido parecido al mercurio que recorría en canales serpentinos toda la sala, reflejando con su lento paso los cuerpos desnudos. Por el ano los leones dejaban escapar un espeso vapor perfumado y de colores.
Siempre había mujeres que jugaban entre los leones haciendo para las otras imágenes obscenas con las trompas y las colas de piedra, y quienes sentadas apacibles sobre los lomos se enjabonaban las piernas. Una vez que el agua hirviente estaba sobre su piel, de ellas emanaban vapores que, de lejos y contra la luz, parecían llamas blancas. "
*Alberto Ruy Sánchez. Los nombres del aire. México, Editorial Joaquín Mortis, 1988. p 54-56
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