La marca comercial GABO


La obra de un artista, ya sea escritor o de cualquier otra disciplina no es, ni tiene que ser, de una absoluta y completa genialidad constante; se crean unas cosas mejores que otras. Es el caso, en mi opinión, de la novela póstuma de Gabriel García Márquez En agosto nos vemos. 

El trabajo creativo de García Márquez incluye varias obras maestras, por lo que en su momento fue reconocido con un Premio Nobel. Tal es el caso de novelas como Cien años de soledad o El amor en tiempos del cólera, las cuales han cambiado la historia de la literatura, por decir lo menos.

Las novelas de García Márquez tienen existencia propia; sus personajes vivirán y revivirán en cada lector que se ocupe de sus páginas; la obra adquiere diferentes vidas. Una de las características del arte es permanecer después de muerto su autor, que sin embargo compartirá una inmortalidad en el alma de la obra. El autor permanece en sus libros, pero no sigue escribiendo.

En lo personal no he leído toda la obra de García Márquez y de lo leído algunas cosas  me gustaron y otras menos. En parte porque me espero a que me recomienden qué leer. Otros libros ni siquiera hice el intento de hojearlos, como el caso de Historias de mis putas tristes, debido a que el tema tratado no es de mi agrado.

La publicación de En agosto nos vemos ha suscitado controversias y yo me inclino por la opinión de García Márquez en el sentido de que el manuscrito no estaba listo para ser publicado, según lo que dicen sus herederos (familia y editores) en el prólogo del texto. 

El libro tiene, como justifican y explican sus hijos, rasgos y partes que la pluma de García Márquez escribió en su manuscrito, pero también es un texto que el genio y la inspiración del autor no pudo terminar por razones de salud. 

En varias ocasiones escuché comentarios acerca de las historias que narraba; “escribo lo que me cuentan, escribo lo que veo” y me habría encantado internarme en una aventura de la mano de su protagonista. Sin embargo no puedo entender porqué la mujer se llama como se llama, o porqué la hija, profesa de las Carmelitas Descalzas puede ir de visita a la casa paterna, ni porqué se bailan tandas de vals más allá de Viena, entre otras cosas.

Supongo que sus admiradores a raja tabla me explicarán que Ana Magdalena Bach vivía en Viena y componía vals o que las Carmelitas descalzas se asociaron con el Opus Dei; imaginarme cosas yo también puedo. 

Como admiradora del escritor me pregunto: ¿Por qué evidenciar la enfermedad de una persona, dando acceso a la intimidad del deterioro? ¿Cuántos herederos viven del legado de un artista exitoso?

En la justificación para publicar la obra encuentro un mal disimulado intento de despertar  la comprensión de los compradores, so pretexto de permitir que los lectores gocen del placer del último texto escrito de un genio que ya no es y que en realidad simplemente se trata de vender la marca GABO.


Griselda Gómez P

Querétaro. Junio de 2024 


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