Leer a la multipremiada Han Kang

 


La intención de este escrito es comentar el libro La vegetariana, de la Nobel de Literatura 2024, Han Kang. No lo había leído porque no tenía noticias de ella, ni de su obra literaria.

Leer a un autor porque obtuvo el Nobel no siempre es mi primera motivación. En algunos casos siguen tan ajenos a mí como siempre. Por ejemplo, el español José Echegaray, de quien dicen los que saben que como poeta es muy buen ingeniero o de la muy controversial Elfriede Jelinek; que no voy a leer para ver si es tan mala escritora como dicen.

Debo admitir que uno de los Nobel más discutidos es el que yo más escucho; Bob Dylan está en mi lista de “favos” de música, junto a Janis Joplin, pero insisto que no deberían haberle otorgado el Nobel; parece que hasta él está de acuerdo en eso.

Pero en esta ocasión, sí. Es el premio Nobel de Literatura 2024 y por eso la estoy leyendo. Todo el mundo habla de ella; y todos opinan con reconocimiento a sus méritos como escritora. 

En la novela están enlazadas tres historias. Al terminar la primera parte, que da título al libro, me quedó la impresión que había terminado la historia. —Ah, me dije: ¡es un libro de cuentos! Pues no. 

Están engarzadas tres historias de las cuales, ninguna es la del personaje principal; La Vegetariana no es quien habla. Ella, es el sujeto-objeto sobre quien recae la acción del verbo. Parece broma gramatical. ¡Genial tratamiento!

La vegetariana, me resultó una novela inquietante, personalmente me hizo sentir incómoda. Trata el sometimiento, la opresión, la violencia contra las mujeres. Aborda lo humano ante el alineamiento, el atropello al individuo en una sociedad actual filosóficamente plutocrática, la violencia contra la individualidad y el derecho a la diferencia. El dolor de la incomprensión sumado a la enfermedad.

Los personajes están muy bien construidos, y el tratamiento que hace del personaje principal: la vegetariana, es único; está construido desde el silencio y la nulidad, no tiene voz (casi nunca habla).  

Es un libro para recomendar con reserva. Es extraño; gusta o no gusta. Pero es sin duda valiente, no queda uno impasible. Dan ganas de gritar, es un libro para debatir. 

En lo personal los temas abordados dejan muy lejos a la poesía. Son asuntos aparentemente cotidianos, sin importancia; por ser costumbre. Relaciones no por familiares, fáciles de digerir. 

El amor y el deseo convergen y se confunden, y está muy bien llevado desde el erotismo del arte, las flores y el amor, a la descripción del deseo que, como la vida misma, cae en lo burdo de la pornografía.

La denuncia de la violencia social, desde el caso de la alineación, es fuerte, escabroso, sin llegar a ser morboso, pero a mí no me resulta poética. Algunos críticos consideran a la obra onírica, sin embargo, las pesadillas también se sueñan.

Hay que mencionar la sororidad de los personajes femeninos. La novela enaltece el amor femenino que trascurre de manera suave, callado. Entregado sin importar lo adverso de las circunstancias. 

La escritora sur coreana, a los 53 años (muy joven para la media de los Nobel), se hace justamente merecedora del premio. Es la décima octava mujer en ser reconocida con ese premio en Literatura; pertenece y escribe desde el oriente e indudablemente nos permite asomarnos a otra cultura cuyas problemáticas, sin embargo, nos tocan. Es Corea del Sur con amor, tristeza y violencia que podemos sentir nuestros. 


Nota: Cuando se me pase el susto voy a leer qué pasa en Clase de Griego, para ver si encuentro la poesía oriental con la que me cuentan que Han Kang escribe.


Griselda Gómez P.

23/1072024. Qro. Corregidora







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